Martes 03 de Agosto de 2021

13/06/2021

Entrevistas

ENTREVISTA

“Chuchú” Basile sigue aferrado a vivir

Seis años después de su dura lesión medular volvió a hablar con TERCER TIEMPO NOA para contar su historia.
Patricio Guzmán

Redactor de Tercer Tiempo Noa

“Chuchú” Basile sigue aferrado a vivir

Todo sucedió un 24 de Mayo de 2015. Era Domingo. A pocos días de entrar en el periodo estival, la lluvia había castigado el verde césped de Coipú. La histórica Famaillá, territorio donde las tropas Federales del General Manuel Oribe, derrotaron a los Unitarios de Juan Lavalle, viviría uno de los sucesos más dolorosos del deporte tucumano. La lesión de José “Chuchú” Basile. Fue en un partido de su querido Coipú ante San Martín, y luego de un tackle de Basile a un delantero visitante que su vida cambiaría para siempre.

Seis años después y luego de que el ex tercera línea, por medio de su dura lesión medular, cambio muchos parámetros diligénciales del rugby argentino, volvió a hablar con TERCER TIEMPO NOA para contar su historia. La que tuvo en el #FuerzaChuchu paralizada a gran parte de una población nacional e internacional.

-Contanos quién es Chuchú…

-Antes que nada, soy hijo de José Salvador Basile y Erica Porricello, de ese matrimonio tengo dos hermanos, María Hermelinda y José Antonio. Por parte de mí padre tengo dos hermanos más, Jesús y Ramón. Me considero una persona positiva, que todas las mañanas agradece estar vivo, que busca ocuparse en lo que pueda ser útil. Me considero una persona que no se deja caer, que no deja vencerse y que por más que tenga obstáculos entre las ruedas de mí silla, busca salir todos los días adelante.

Tiempo escolar y deportivo

“Mi escuela primaria la realicé entre Famaillá y Bella Vista; luego empecé el secundario en el Colegio San José en Bella Vista dónde vivía con mis abuelos y volví a Famaillá a terminar mis estudios en la nocturna. Había comenzado con el boxeo por esos tiempos, deporte que me gustaba mucho, pero mí entrenador no me arreglaba ninguna pelea y me terminé yendo” – recuerda José. “Al aburrirme del boxeo por no tener la chance de competir, aparece el rugby en mí vida. A Coipú me lleva Facundo López, un gran amigo con el que compartimos muchos buenos momentos” –rememora.

Sensaciones y olores que se extrañan

Basile tiene un profundo sentir por su pasado ovalado. Su pasión por el juego lo lleva a cerrar sus ojos, imaginarse que está de pié y decir: “Todavía tengo en mí memoria y extraño la sensación que tuve cuando jugué mí primer partido de rugby. El olor de césped, los hombros cansados, la arenga previa. Las gotas de transpiración que caían por mis ojos luego de correr en un partido o en un entrenamiento. La sensación de darlo todo por el equipo y luego volver a mí casa para bañarme, comer y dormir”.

-¿Seguís vinculado con aquellos compañeros?

- Sin duda. Mis amigos son de mí club. Hubo y hay un gran compañerismo antes y después de mí lesión. Un grupo unido y muchos buenos momentos que hoy sigo disfrutando con ellos. Seguramente mí vida hubiera sido diferente si tenía otra clase de amigos. Hoy veo muchos chicos que andan en cosas malas por las malas amistades que eligieron.


El juego y Coipú

“Chuchú” comenzó jugando de segunda línea, tan solo lo hizo pero un par de partidos hasta que pasó a jugar de ala en la tercera línea del pelotón famaillense: “Por mis características de juego pasé a jugar en lo que es para mí uno de los mejores puestos del mundo, la tercera línea. Si tuviera la posibilidad de volver a jugar, no cambiaría de puesto” – afirma.

A la hora de hablar de su club, Basile gráfica pasionalmente la evolución del mismo: “Es un club chico que fue mucho más chico. De gran pasión por sus colores. Coipú comenzó de abajo, con tiempos de mucho sacrificio y con una gran entrega de su gente, logró ser una de las instalaciones deportivas más grande que tiene nuestra cuidad. Sus jugadores son jóvenes y de grandes condiciones físicas. El jugador de mí club siempre pueda dar más. Pasamos de no tener nada a lograr que la cuidad sepa que estámos para que los jóvenes nos elijan. Tocamos muchas puertas y pedimos muchas manos para poder lograr ser un club representativo. Aún podemos seguir creciendo”.

-¿Tenés un ídolo en el rugby?

- Pensándolo bien sí. Veo en Agustín Pichot el mayor referente del rugby argentino.

- Hablemos de tu lesión ¿Qué recuerdas de aquella tarde?

-Recuerdo todo como si fuese ayer. Hubo una tensión previa muy alta por querer ganar más allá de que éramos campeones del Torneo Iniciación más allá del resultado y San Martín que estaba último pero lo mismo quería llevarse una victoria de visitante. Había llovido mucho y el campo estaba muy resbaladizo. Hacía mucho frío y como es común cuando llueve, el juego se cerró y se hizo muy trabajo. Juego todo el primer tiempo y la mitad del segundo, cuando se produce mí lesión. Hay algo que pocos saben y que ahora lo aclaro, tu estaba por ser suplantado por un compañero segundos antes de la lesión. Hubo una demora en el banco de suplentes, el cumple compañero que debía reemplazarme no escuchó el llamado del entrenador y cuando estaba listo para entrega se produce mí lesión. El momento lo recuerdo como si fuera hoy, estábamos defendiendo y un forward de San Martín toma la pelota para ganar metros y le salgo al cruce con mucha velocidad; a esa acción mía, él también acelera y cuando lo tackleo pongo mal la cabeza y quedo tendido boca abajo. No tuve el tiempo de acomodar mí cabeza y le pegué a sus piernas. Al quedar boca abajo con el césped mojado, sentí que me faltaba el aire y tuve la sensación de que me moría.

-¿Qué pasó luego?

- Intentaron levantarme y me era imposible ponerme de pié. Sentía que tenía una almohada en la cara que me impedía respirar. Estaba desesperado, me concentré para respirar y tratar de tranquilizarme. Me pusieron en una camioneta luego de fijarme el cuello y me llevaron al hospital que está cerca del club.Fue como si me hubieran apretado un botón y se cortó la luz de mí cuerpo.

Su lucha jamás fue en soledad

Luego un peregrinaje por diferentes centros de salud y una noticia que como reguero de pólvora terminó por encender la mecha de un solidario rugby tucumano, tuvo a “Chuchú” en boca de todo el pueblo ovalado con oraciones y disponibilidad total en lo económico. “En aquél momento no dimensioné lo que generó mí lesión en el rugby argentino. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta lo que generó. Por ese momento solo pensaba en seguir siendo un deportista.En el #FuerzaChuchu que lo generó la gente me apoyé para seguir y con el transcurso de los años me voy encontrado con personas en la calle que me paran y al saludarme me dicen que pidieron en sus oraciones por mí vida. A ellos y a muchas personas más dentro y fuera del rugby les estoy eternamente agradecido. Soy consciente hoy de mucha gente que me ayudó económicamente; algunos tengo la posibilidad de conocerlos, a otros no, porque no viven en Tucumán. Jamás olvidaré de lo que hicieron por mí y nombrarlos a todos es imposible, ya que no quiero olvídame de nadie” – expresa agradecido.

Al borde la muerte

-¿Fuiste consiente de lo que te pasaba realmente?

- Al principio no. Si sabía que tenía una lesión medular, pero al llegar al Sanatorio Parque y con el corre de los días luego de ser operado me fui dando cuenta de lo que pasaba en realidad. Yo creí que era algo mínimo y que pronto me iría a mí casa. Extrañaba estar en mí cama y seguir mí vida normal. Por momentos estaba dormido y hasta llegué al punto de estar tan grave que los médicos llamaron a mí familia para que me despidan porque no tenía esperanzas de seguir respirado por la traqueotomía que me tuvieron que hacer. Muchas veces estuve al borde de morirme y no lo supe por estar dormido.

Un largo sueño y una vida nueva

José pasó neumonías, fue evolucionando paulatinamente y puso todo de sí para no morir: “Una vez estuve dormido una semana y cuando me desperté pensé que había dormido tres mese por lo menos. A nadie le conté lo que diré ahora, al despertarme aquella vez, sentí que tenía una vida nueva que afrontar y que jamás iba a tener la vida que tuve. Estaba agotado, con frío, me molestaba el ruido, no podía hablar, me alimentaba por una zonda, me debilitaba la neumonía que luego pude vencer. Fue una gran lucha interior. Viví de todo, de ver compañeros de habitación morirse a mí lado, hasta curaciones de urgencia a la par mía; y yo seguía con vida luchando y luchando minuto a minuto”- expresa emocionado.

-¿Qué te fue dejando ese minuto a minuto?

-Un aprendizaje de que no todo es malo y que siempre se puede salir adelante. Me superé en lo personal y conocí mucha gente nueva.

Una realidad en Mar de Plata

En avión con el insomnio como compañero y soñando recuperarse, José viajó a Mar del Plata a recuperarse en un centro especializado. “Tenía como mete volver caminando a Tucumán cuando me fui a Mar del Plata. Allí tomé conciencia de mí lesión y de que debía comenzar a manejar una silla de ruedas. Me choqué con una realidad que me frustraba a la vez porque sentí que decepcioné a mucha gente al no poder volver a caminar. Luego me fui dando cuenta que debía amigarme con mí situación, que no debía sonreír forzadamente y tenía que seguir luchando día a día. Con una constancia que hoy sigo mantenido, sigo en el gimnasio rehabilitándome y consiguiendo pequeños avances que para la ciencia son enormes”.

-¿Qué dicen tus médicos hoy?

-Que sigo vivo por mí voluntad. Que por mí lesión, para la ciencia, debí haber muerto de un paro cardiorrespiratorio. Tengo desplazamiento y fractura de la cuarta y quinta vértebra cervical, y un edema en la médula. Recuperé mí buceo derecho y gané fuerza, si no hubiera estado entregado me moría. Estar súper entrenando me salvó.

Sin perder las esperanzas

José sigue diariamente luchando. Con pruebas y errores sigue su tratamiento de células madres. Primero en Buenos Aires, luego en Tucumán en su amado Famaillá: “Hoy sigo en mí cuidad rehabilitándome. Lo que no me sirve a mí le servirá a otra persona y trato de evolucionar y trasmitir que si se puede salir adelante hasta que llegue la cura total” – afirma con enorme esperanza.

-¿Cómo es tu relación con el rugby en la actualidad?

- El rugby me hizo y me hace muy bien. Es un deporte que me deja muchas herramientas para mí vida diaria. Al rugby y a su gente les estoy inmensamente agradecido. Desde mí club, los clubes de mi provincia, hasta la FUAR que es un club aparte y que se encarga de mejorar la calidad de vida de 32 lesionados que tiene hoy nuestro país.

-¿José Basile conoce el miedo?

- ¡No! Siempre que estuve en un momento de lucidez que sabía que era difícil le dije a Dios que estaba listo. Que estaba preparado y tuve mucha confianza. La vida que tengo es regalada, la vivo al cien por ciento. Mis objetivos que trabajo con mi rehabilitación física y mental son superarme día a día.

- ¿Cuál es tu mayor sueño?

- Pararme de la silla y volver a caminar.


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